Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Jorge García Usta’

El 24 de septiembre de 2012 se cumplen 100 años del nacimiento en San Jacinto, Bolívar, de Miguel Antonio Hernández Vásquez, el gran Toño Fernández (1912- 1988). Sabanerías le rinde un homenaje reproduciendo esta bella crónica escrita por Jorge García Usta (1960- 2005) que fue publicada originalmente en el libro Diez juglares en su patio (1991).

* * * * * * * * *

Toño Fernández: un hombre que era más que todo el mundo

Por: Jorge García Usta

Toño Fernández.

(A Teo Balar)

El día que la gaita encontró a su hombre no hubo ninguna gracia de más.

Salía a llevar unos animales al arroyo y apenas vi las aguas, oí los pitos. En la lejanía, pitos tristes, vainas bonitas. Era Manuelito Lora, el que venía criando esos sonidos con un fitoco desconocido.

Y yo que siempre he sido más que inteligente, era un gran ignorante. La única vez que lo fui, después nunca más. Lo único que hacía entonces era arrastrar los animales a sus bebedizos y andar por el monte a pata limpia. Fui siempre hombre de monte, de estar con cosas solas.

Así que cuando oí a Manuelito, le pregunté: Y qué pito es ese. Gaitas ¿no ves? Dijo él, sin reparar la lelura que yo tenía. Me acerqué y las aguaité. Y le dije muy bobo ¿Y cómo es que un pito de esos saca bullas tan bonitas? Gaitas, repitió Manuelito, como si no hubiera nada más que decir.

Cuando veníamos por el camino, se lo dije: Quiero una aparata de esas. Y Juan Meléndez, que era el hacedor de esas animalas, me miró como poca cosa. Yo le volví a echar la súplica: hazme un parcito, Juan. Y le añadí: la quiero con maracas, para el domingo. Y en qué voy yo, dijo él, mientras yo seguía mirándole el bullicio del ojo. Dije: en una carga de ñame. Ya está, dijo él.

Y se comenzaron a perder por el camino, dejándome a mí solo. Con toda esa fregantina en el corazón.

Ese domingo, yo cité a Manuelito Lora en el propio monte, porque Papá y la otra gente se iban de la finca para San Jacinto y el monte era nuestro, con todos sus arrestos. Y vino también Manuel Barreto, primo mío, de lejos. Estaban, pues, los hombres debidos.

Nos pasamos el día pitando por esos montes de Dios. Venía Meléndez con los fitocos y yo y Manuel, que estábamos en la misma fiebre de los primerizos, nos cogíamos. La gaita era entonces un enredapita: pifú, pifú, fifofafi. Yo pitaba el fitoco como me entraba la gana. Y Manuelito me decía: eso no es así, eso parece un sácame con bien. Dale mano como para mujer y lengua para lo mismo.

Así empezamos. Era cosa de amor que no se podía publicar, como los grandes amores, porque nadie gustaba de esas cosas. En toda la región, la gaita era de mal ver, cosa de plebes.

Pero qué va, con nosotros no se pudo. Yo vi todo el mundo de esos fitocos. Nada más, imagínese usted, una cabeza como la mía.

Para leer la crónica completa pulsa AQUÍ.

Biografía y música de Toño Fernández en este ENLACE.

Anuncios

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: